El innmejorable epílogo a la Semana Santa de 2009 lo pusimos en Granada, por el Albaicín, tras el Cristo del Perdón, tallado por Diego de Siloé en el siglo XVI, que formó parte del cortejo del Santo Entierro Magno de Granada (Passio Granatensis) y que no procesionaba desde 1984. El Sábado Santo las callejuelas que suben por la ciudad de la Alhambra se convirtieron en el Gólgota por el que pasó la banda de la Expiración de Morón, con la cofradía de la Aurora.
Pudo vivir Granada su representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, salvando finalmente la incertidumbre provocada por la tan temida e impredecible lluvia de primavera. Al final, el sol ganó terreno a las nubes y la ciudad de la Alhambra pudo conmemorar con todo esplendo el centenario de su Semana Santa. Dicen que en la ciudad del Darro se puede disfrutar del mejor atardecer del mundo. Decimos, nosotros, que en el Albaicín vivimos el 11 de abril momentos únicos e irrepetibles de la Semana Mayor en Andalucía, llenos de fe y devoción popular, arte y estética cofradieras, historia y tradición popular, esfuerzo y trabajo, orgullo y sabiduría, música y costal al paso de la cofradía del Perdón por lugares como los Grifos de San José, únicos, como el atardecer de Granada.
Teníamos un gran interés por tocar en Granada, por descubrir los rincones de su Semana Santa, así que estabamos impaciente mientras esperábamos que el misterio del Perdón completara su carrera oficial, formados en Reyes Católicos. En torno a las ocho de la tarde lo vimos venir de frente y comenzamos a tocar, a presentarnos con nuestra marcha, "Rezos de Esperanza" mientras la cuadrilla de costaleros comenzaba a demostrar que "el izquierdo" es también patrimonio del Albaicín y trabajaba de manera impecable con cambios a compás que nos emocionaron a todos. La mejor respuesta que supimos dar a tanto arte fue tocar de manera consecutiva "Manué" y "Triana te corona", con la Chancillería de los Reinos de Granada como testigo.
Completamos las primeras chicotás de la tarde poniendo de nuevo nuestro sello propio, tocando "La paz para tu alma", en la revirá a la Cárcel Alta, donde el cortejo inicia el ascenso al "calvario granatensis" por angostas callejuelas, donde suenan eternas marchas como "Madre", mientras el paso avanza junto a una de las fachadas laterales de la Chancillería, donde también dejó una muestra de su obra, en el siglo XVI, Diego de Siloé, y dobla, de nuevo, hacia San Juan de los Reyes.
Los Grifos de San JoséHa sido una Semana Santa de grandes atardeceres cofrades, pero las últimas luces del Sábado Santo frente a la iglesia de San Gregorio, entre casas de cal, balcones y rejas, vías de adoquín y edificios de vieja piedra erosionada, fueron dignas de los mejores versos de los poetas universales granadinos, fueron nuestra mejor ruta cofrade, a los sones de "Sangre y Agua", "Macarena" y "Medea". Mientras avanzamos por la cuesta de San Gregorio notamos que comienza a crecer la expectación entre el público, los nervios entre los costaleros y el interés de los compañeros que conocen el lugar, a la espera de que lo imposible se haga realidad, de que la geometría y las matemáticas se conviertan en arte y literatura. El ascenso se convierte en un portento de fuerza por parte de la cuadrilla, al tiempo que suena "Mi Jesús", tras la cual el silencio que cae sobre la multitud. Sólo se escucha al capataz, que con su martillo a modo de escuadra y cartabón y su voz como compás revira el paso a través de las escaleras de los Grifos de San José a los sones de "Penas de Triana", resolviendo con fe el más complicado de los teoremas, siguiendo el ritmo de nuestras palilleras, por giros imposibles de angulos cerrados.
Cae la noche, definitivamente, y seguimos retrocediendo en el tiempo, admirando el entorno mudéjar por la calle San José, donde tocamos "Virgen de los Dolores", poco antes de llegar a la iglesia del mismo nombre con su alminar del siglo X, donde tocamos "En el reino de tu Esperanza". En este marco la imagen del Señor se resigna aún más a su martirio, con marchas como "La Expiración" o "Y tú, Estrella". Nos ha dado tiempo ya de comprobar el cariño demostrado hacia nosotros por parte de la hermandad de la Aurora y de los cofrades de Granada, que nos hacen sentirnos parte de la hermandad. Son muestras de aprecio que devolvemos como mejor sabemos, con marchas tan significativas para nosotros como "Amor bajo tus pies", "Siete Palabras" y, de nuevo, en la vuelta hacia la calle Bocanegra, "Rezos de Esperanza", que tocamos con el mismo sentimiento que el Jueves Santo en Morón.
Las últimas chicotásSon los últimos momentos de nuestra Semana Santa, los últimos fondos de un día histórico para los anales de la Semana Mayor "granatensis" y de la cofradía de la Aurora. Para nosotros es un privilegio aportar nuestra música e intentamos superar el cansancio sabiendo que cuando terminemos quedará un año para el próximo Viernes de Dolores y habrá llegado a su fin un Sábado Santo memorable en el Albaicín. Por estos motivos, tocamos como nunca "Madre" y "Virgen de la Paloma", al paso por la Placeta Cauchiles de San Miguel, y es que ya se adivina en el horizonte la plaza de San Miguel Bajo y su iglesia, el punto y final del itinerario, de una Semana Santa soñada con epílogo en Granada.
Tocamos "Soleá" y "Sangre", entre cuyos acordes se mezclan los vivas al Cristo del Perdón, que hemos venido escuchando también durante todo el recorrido. Salvan los costaleros la rampa de entrada a su templo de San Miguel Bajo con "Tres Caídas de Esperanza" y "Sangre", la que provoca el flajelo sufrido por el Cristo del Perdón, que concentra todas las miradas del público que aguarda su llegada. Contemplamos por última vez la expresión de "convulso dolor" que transmite el Cristo del Perdón, al que dedicamos nuestra última marcha, tratando de restar dramatismo a la escena, tocamos "La paz para tu alma".
AménSon las once y cuarto de la noche cuando suena la útima Marcha Real, llenos de satisfacción por haber culminado el trabajo de un año de ensayos, por haber convivido con un excelente grupo humano formado por más de un centenar de personas, por haber acompañado con la mayor dignidad posible a todas nuestras hermandades, desde el Viernes de Dolores hasta el Sábado Santo, por las muestras de cariño recibidas de tantos y tantos hermanos cofrades. En definitiva, por haber hecho nuestros sueños realidad.
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