Es Jueves Santo en Morón, el único día del año en el que tocamos "Divina sea tu Expiración", el día en el que nos sentimos hermanos costaleros, el día en el que somos nazarenos de Esperanza, el día en el que nuestas oraciones se hacen música, el día en el que tocamos en nuestro pueblo, el día en el que cumplimos con nuestra anual estación de penitencia, el día en el que regresamos a La Compañía para sentirnos más cerca del Hijo de Dios acompañando a nuestro Cristo de la Expiración.
Con el recuerdo y las emociones vividas tras las Siete Palabras en el Miércoles Santo sevillano llegamos a la iglesia de San Ignacio de Loyola. En los momentos previos al inicio de la estación de penitencia volvemos a sentirnos como un gran grupo humano, cuando entregamos un pequeño recuerdo a un compañero, que este año no ha podido tocar toda la Semana Santa con nostros debido a problemas de salud, pero que el Jueves Santo sí va a ocupar su sitio en la formación. En cierto modo, todos, en algún momento, hemos sufrido una situación similar.
La Semana Santa, como fiesta que perdura en el tiempo y se transmite de generación en generación, en muchos sentidos está llena de herencias, de hechos habituales que se repiten cada año y se convierten en tradición a fuerza de costumbre. Una de ellas es el gesto de hermandad que protagoniza la banda cada Jueves Santo formando en el interior de la Compañía tras el paso del Cristo de la Expiración y otra la interpretación de "Divina sea tu Expiración" inmediatamente después de la Marcha Real, cuando la imagen del Crucificado de la Expiración tallado por la gubia de Antonio Illanes vuelve a concitar la admiración de los moronenses y los músicos de la Expiración van, poco a poco, traspasando el dintel de la puerta de San Ignacio de Loyola, tocando impacientes la marcha concebida por Emilio Escalante. Es la única ocasión a lo largo del año que se podrá escuchar esta composición, que trabaja con fervor, bajo las trabajaderas del paso, la cuadrilla de hermanos costaleros de la Expiración de Morón.
Es la chicotá más larga y eterna del Jueves Santo moronero. Sube el Stmo. Cristo de la Expiración por la calle San Miguel hacia el Gólgota de nuestra Semana Santa, la iglesia Mayor y Más Antigua, la Catedral de la Sierra Sur de Sevilla. Sin pausa, suenan "La paz para tu alma", "En el reino de tu Esperanza", "Sangre" y "Bendición". Culmina el encomiable trabajo de los costaleros en la revirá a la puerta del Archivo del templo, donde tocamos por primera vez "En tus lágrimas, Amargura" y "Tu Sentencia". Tras interpretar la Marcha Real, cumplimos con nuestra estación de penitencia. Este año, debido a las obras de San Miguel, permanecemos junto con todo el cortejo en el interior del templo, un hecho que nos permite ver imágenes inéditas en estos quince años para nosotros, como observar la entrada de la Virgen de la Esperanza y verla venir de frente. Es la mejor catequesis sobre la vida y la muerte, sobre la Esperanza y la Expiración. Acaba de caer la noche en Morón, cuando el Cristo de la Expiración retoma su recorrido. Siente la presencia y la cercanía de su Madre. Por ello, la primera marcha que tocamos, aún estamos bajos las bóvedas de la iglesia, tras la Marcha Real, es "Madre".
Clava el Cristo de la Expiración su mirada en el cielo moronense, aferrándose a la vida, mientras se produce uno de los momentos de mayor intensidad musical de todo el Jueves Santo, el trayecto que va desde la iglesia de San Miguel, con la torre del antiguo hospital de San Juan de Dios como testigo, hasta la plaza del Ayuntamiento. En esas inolvidables chicotás, como si fueran los Gozos de la Inmaculada, tocamos "Penas de Triana", "Al Cristo de la Compañía" y "Escapulario Carmesí". Pasa la Expiración a los sones exultantes de su banda ante la mirada incrédula y emocionada de los cofrades moronenses.
Sube la cofradía por Corredera en busca de sus orígenes, hacia el convento de Santa María, a cuya altura la comunidad jerónima puede escuchar "Cristo del Amor", como una muestra musical del amor que derrochan por nosotros durante todo el año sus religiosas. Suena a continuación "Tres Caídas de Esperanza", con la que el paso inicia la revirá hacia San Sebastián, que cuadra con "Silencio Blanco". Antaño fue San Sebastián una calle con raigambre cofradiera, por la que ya sólo discurre la Santa Cruz el Jueves Santo y por la que tocamos la clásica "Virgen de los Dolores". Muchos hermanos y antiguos costaleros conocen la belleza de contemplar descendiendo el cortejo procesional por San Sebastián y se congregan en la esquina con La Carrera, donde interpretamos dos de nuestras marchas señeras, "Amor bajo tus pies" y "Mi Jesús". Por los jardines de La Carrera suena "La Expiración" y junto al convento de Santa Clara, ante su barroca portada, "Cristo del Perdón", con la que de nuevo llegamos a otro de los altares de la fe cristiana en nuestro pueblo.
Son las once de la noche y nos encontramos en el ecuador del recorrido. "Cristo de la Buena Muerte" marca el comienzo de la segunda parte de la estación de penitencia. Bajamos por Calzadilla y reviramos a Romana con "Virgen de la Paloma". Son calles del casco antiguo moronense, con calzada de adoquines y fachadas de casas señoriales que, en muchos casos, conservan su aspecto original, a las que corresponden marchas como "Siete Palabras" o "Y tú, Estrella".
| DE LA CAMPANA A MENESES |
De la Campana a Meneses, como bien ilustra la expresión, llegamos al inicio de la carrera oficial moronense. Tocamos "Al Cristo de la Compañía" y "Amor bajo tus pies", cuyas notas definen a la perfección a la cofradía que nace de la Compañía, y tiñe las calles de antifaces rojos y verdes. A la altura del palquillo de autoridades sonó, de nuevo, una marcha que se está convirtiendo en habitual en este lugar, "Bendición". Aún en Meneses comenzamos a tocar "Manué", entre cuyo solo se intercala una saeta, en el Pozo Nuevo, a la que correpondemos con "Amor, Corneta y Costal" y "Sangre". De forma inevitable está pasando el Jueves Santo y queremos detener el tiempo con "Soleá" y "La Sentencia", con sus sones nos acercamos a nuestro barrio por la calle Nueva, buscando Vicario, al abrigo del viejo templo de la Compañía de Jesús, donde la calle se convierte en callejón, el nazareno se hace penitente, el costal se funde con la trabajadera a la voz del capataz, a los sones de "La Expiración" y "Rezos de Esperanza". Por Ánimas, a la Expiración sucedió la Esperanza y la música nos volvió a mostrar el camino de la fe.
La confluencia con Ánimas es uno de los lugares más íntimos de la cofradía, pues el público ya aguarda su llegada, en el templo de San Ignacio. Entre costaleros y músicos llevamos al Cristo de la Expiración con "La paz para tu alma" "Y tú, Estrella". Son las últimas chicotás de este año, las que vivimos en primera persona con mayor ímpetu y decisión y en las que el costalero entrega su último hálito y esfuerzo, con "Sangre y Agua", con su "Amor bajo tus pies". Tras "La Sentencia", el silencio como señal de respeto, el silencio que significa más que un aplauso, el silencio que nadie se atreve a romper, ante la presencia del Stmo. Cristo de la Expiración. Sobrecogedora entrada debido a lo angosto de la puerta, cuyo límite marca la clave del arco de medio punto. Cuando traspasa la Cruz se alivia la voz del capataz, mientras suena la Marcha Real y el costelero comienza a soñar con el próximo Jueves Santo. Éste, el presente, aún no ha terminado. Antes de que suene el martillo por última vez en el interior de nuestra iglesia, mirando de frente a la portentosa imagen de Illanes, observando el trabajo de tan maravillosa cuadrilla, tocamos "Amor, Corneta y Costal",´cuya frase final se convirtió en el mejor epílogo de todos con el sentido aplauso, de comunión y hermandad, brindado por todos nuestros hermanos costaleros, que tanto significado tuvo para nosotros.
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