Y el sueño se hizo realidad, tras años de trabajo, esfuerzo e ilusión. Llegó el momento tantas veces imaginado, tantas veces esperado a lo largo de los dos últimos años. Llegó el Miércoles Santo, 8 de abril, en el que volvimos a protagonizar una nueva página de oro de nuestra humilde historia, en el que vivimos en primera persona la estación de penitencia de las Siete Palabras, acompañando a su romántico misterio por las calles y plazas de Sevilla, la Madre y Maestra.
La emoción contenida y la fe se alternaban en el músico que el Miércoles Santo por la mañana, impaciente, llega a Sevilla y no puede resistir pasar por el templo de San Vicente, donde todo está ya dispuesto, donde la alegría de los hermanos de las Siete Palabras contrasta con los sentimientos vividos un año antes. Tampoco el músico puede evitar cruzar la Carrera Oficial, por la que unas horas después pasará tocando, deseando que llegue ese momento para detenerlo en el tiempo. Y ese momento llegó.

El umbral de esta puerta...
Cae la tarde en San Vicente y se tiñen de dorados los viejos muros del templo gótico mudejar que tantos siglos de historia cobijan en su interior. Entre los compañeros de la banda se suceden las palabras de ánimo, que sirven para calmar la tensión del momento, para compartir entre todos la responsabilidad de devolver a la junta de gobierno de la hermandad de San Vicente la confianza depositada en nosotros y para pasar la reválida más importante de los últimos años. Vienen entonces a la memoria unos versos de las Rimas de Bécquer: "El umbral de esta puerta/ ¡Sólo Dios lo traspasa!" el mismo que nos disponemos a cruzar gracias a nuestra fe y a nuestra música. En torno a las 20:20 de la tarde, aparece ante nosotros la cruz de guía de la cofradía, vemos desfilar los primeros tramos de nazarenos con su escapulario carmesí y contemplamos, sin palabras, el imponente paso del Nazareno de la Divina Misericordia. Comenzamos entonces a vivir en primera persona momentos inigualables, nos sentimos unos privilegiados. Asoman ya los respiraderos del misterio de las Siete Palabras. Queremos acompañar su estación de penitencia y convertirnos en uno de los ángeles que escoltan sus esquinas.
En torno a las nueve de la noche ya hemos tocado la Marcha Real y hemos anunciado a Sevilla la presencia del misterio decimonónico de San Vicente con "Siete Palabras", la misma marcha que tocamos por primera vez en la Cuaresma de 1993 y que tocamos, también en el I Certamen de Bandas "Ciudad de Morón", junto con "Cristo del Perdón", que, posteriormente, interpretamos en 2009 en la revirá a la calle San Vicente, dos composiciones clásicas que aprendimos cuando éramos niños y contemplábamos con admiración la Semana Santa de Sevilla, con las que nos hemos formado como músicos cofradieros y con las que quince años más tarde estábamos calmando los primeros nervios, inevitables del Miércoles Santo hispalense. Mientras suenan sentimos el ánimo de tantas y tantas personas, familiares, amigos, compañeros y cofrades que nos han apoyado a lo largo de estos años, muchos de ellos incluso estaban en Sevilla, con ellos cruzábamos miradas de complicidad y alegría, porque sabíamos que compartían con nosotros, en primera persona, tan importantes momentos.
Siete Palabras por San Vicente, poco a poco, con elegancia y sobriedad, mientras llega el momento de que Sevilla escuche por primera vez "Escapulario Carmesí", la marcha compuesta por uno de nuestros directores musicales, Emilio José Escalante Romero, tonos añejos para una pieza que recuerda a los cofrades que el color carmesí del escapulario ya lo pudieron ver los sevillanos del Siglo de Oro, cuando la ciudad era la capital del mundo, una interpretación que contiene en sus acordes nuestro sentir cofade hacia la hermandad de las Siete Palabras. Impresionante la visión del misterio, cuando ya se cierne la noche sobre la ciudad, iluminado en todo su esplenador por los candelabros y al fondo, en la plaza del Museo, la escultura dedicada a Murillo parece cobrar vida para inmortalizar la escena en uno de sus lienzos, para llevar a su paleta las frases de la partitura, para dibujar sus melodías.
Hacia Campana
Avanza, después, la cofradía por la calle Alfonso XII, tras revirar con "Misericordia Isleña" y discurre recuperando su identidad y repertorio tradicional, buscando la Carrera Oficial, con "La Sentencia de Cristo", "Soleá", "Virgen de los Dolores", "Virgen de la Paloma" y "Cristo de la Buena Muerte", entre otras. Es un momento para admirar todos los detalles del paso, para fijar la vista en la Virgen de los Remedios, en su manto de Celestino Rodés y las hermanas Antúnez. Una advocación de los Remedios con mucho significado también para los moronenses, que sabemos están ya pendientes del paso de la cofradía por la plaza del Duque, en torno a las diez de la noche.
Durante la mayor parte del año es una plaza del centro de Sevilla, tal vez la más céntrica, el cruce del que parten todos los caminos. A lo largo de ocho días se convierte en el epicentro de la fe sevillana, el cauce en el que confluyen todas las cofradías en su itinerario hacia la Catedral para cumplir con su estación de penitencia, el efímero altar en el que se manifiesta el sentir de la incomparable expresión de religiosidad popular que define a la Semana Santa, sevillana y andaluza, el púlpito desde el que tocan las mejores bandas de nuestra tierra. Con humildad, acompañamos con nuestras oraciones musicales al Misterio de las Siete Palabras, elegante y sobrio a los sones de "Escapulario Carmesí". Sentimos que tocan con nosotros los compañeros y amigos que ya se encuentran en compañia del Padre y de la Virgen María. Nos pide el alma, tras guardar un compás en silencio, empezar a tocar "En el reino de tu Esperanza". Expiración y Esperanza, sones cofrades crecidos en la Compañía de Morón que desfilaron tras las Siete Palabras por la Campana sevillana. Hoy, cuando pasamos por la plaza, aún suenan los ecos de los aplausos, por dos veces, del público a la brillante chicotá del paso, grabados con orgullo en nuestra memoria.
Calle Sierpes, donde terminan las miradas de las cámaras de televisión. De nuevo, vivimos momentos sólo intuidos en nuestra imaginación. Continúa sucediéndose nuestro particular bautizo cofrade en Sevilla, donde, curiosamente, nos encontramos con numerosos moroneros que ya no viven en nuestra ciudad y que sienten la Semana Santa hispalense más suya al saber que venimos de Morón. Y es que el Miércoles es el día más moronero de todos. Sigue el paso su tradición con marchas como "Virgen de la Paloma" o "Réquiem", entre otras. Tras el examen de Campana, la presentación ante el palco de autoridades, a los pies de la inmensa fachada plateresca del Ayuntamiento. ¡Qué escenario más idóneo para interpretar marchas con las que acompañamos en 2004 a la Carretería en el Santo Entierro Magno! "Soledad de San Pablo" y "Silencio Blanco", que entonces sonó por el Arco del Postigo, suenan ahora tras las Siete Palabras entre la plaza de San Francisco y la Avenida de la Constitución. El paso cubre las últimas chicotás antes de su estación de penitencia a la Catedral, la primera iglesia de la Diócesis de Sevilla,donde se custodia nuestra fe, con una marcha propia,"Tu Sentencia", y clásicos como "Pobre Zaragoza", "La Expiración" y "Soleá". Llega a su fin el primer tramo de nuestro trayecto.
Puerta de Palos. Primeros abrazos, contenidos. Primer balance, esperanzador. Primeros comentarios, positivos. Mientras la cofradía comienza el camino de vuelta a su templo de San Vicente, aún quedan muchas vivencias por llegar. Casi al filo de la media noche, Sevilla vuelve a recibir al Misterio, que entregó su vida por amor, como el "Cristo del Amor" de San Bernardo, como la marcha que toma su nombre, que tantas veces hemos tocado en el viejo barrio torero y que ahora interpretamos tras el Cristo de las Siete Palabras en la plaza de la Virgen de los Reyes. Proseguimos rodeando la Catedral. Bajo la Giralda nos sorprende la llegada del Jueves Santo, uno de los tres días del año que brillan más que el sol, como brillan nuestras cornetas y tambores ante el anuncio de "Rezos de Esperanza", el estandarte de nuestro repertorio, que sirve para hermanar San Vicente con San Ignacio. Once años después de su estreno suena en Sevilla más deslumbrante que nunca, por Placentines y Alemanes, en la revirá del patio de los Naranjos, entre incienso y azahar, en perfecta armonía y comunión con la cuadrilla. Nos encontramos en uno de los puntos álgidos de las cofradías del centro de la ciudad, en pleno casco antiguo, la revirá con Hernando Colón, cubierta con maestría, en una secuencia impecable, por el impresionante trabajo de los costaleros, ganando terreno de forma imperceptible, casi sin querer avanzar, mientras la banda toca, con arrojo y desparpajo, "Madre", "Sangre y Agua" y "Sangre". Es entonces cuando la cofradía toca el cénit del cielo hispalense, reconocido también por los cofrades congregados en tan insuperable entorno por sucesivos aplausos.
Por Hernando Colón, la calle con la que la ciudad recuerda al segundo hijo de Cristóbal Colón que llegó a ser canónigo de la Catedral, avanza el misterio de las Siete Palabras con otra marcha perteneciente a nuestra propia cátedra, "La paz para tu alma", tras la que tocamos también "Virgen de los Dolores, "Virgen de la Paloma", "Réquiem" y "Soleá", entre otras, derroche de clasicismo en la Semana Santa sevillana. De nuevo, los cofrades esperan a la cofradía por la plaza Nueva, el andén del Ayuntamiento es el mejor teatro para vivir otra escena que quedará inmortalizada en nuestra retina. Escribimos un nuevo guión sonoro con "Señor de Sevilla" y "Ego Sum", mientras el paso nos ofrece la mejor definición del equilibrio perfecto, la justa medida. del arte costalero, que culmina en la revirá a Tetuán con "Sangre". Agradecemos a la cuadrilla tan sublime trabajo con nuestra marcha "Amor bajo tus pies", dedicada a la cuadrilla de hermanos costaleros de nuestro Cristo de la Expiración.
Las diferentes etapas del recorrido se suceden de manera inexorable y avanzamos hacia la parte final del mismo con marchas clásicas como "Réquiem" o "Soleá". Cubrimos el segundo paso por Campana elevando el tono para llamar a la devoción del público allí congregado con "Penas de Triana", con la que descubrimos el su día la Semana Santa en San Jacinto con la Estrella, y "Manué". Sucenden instantes de recogimiento, casi ya de recogida por su barrio, propiciados con las melodías de "Virgen de los Dolores" y "Cristo de la Buena Muerte" por la plaza del Duque o "La Expiración" y "Pobre Zaragoza" por Alfonso XII.
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Arrabales de San Vicente
Imágenes íntimas que llaman a la devoción de los hermanos de la cofradía a partir de las calles Santa Vicenta María y Virgen de los Buenos Libros. Enciende el pabilo la fe con "Mi Jesús", "Consolación y Lágrimas", "Soledad de San Pablo" y "Cristo del Amor". En los arrabales de San Vicente el diálogo entre el Hijo y la Madre, que ha contemplado su sacrificio en la Cruz durante toda la estación de penitencia, parece cobrar vida, en compañía del discípulo predilecto, San Juan Evangelista, y las Santas María Magdalena, María Salomé y María Cleofás. Y es que la imagen de Jesús Crucificado busca los cielos de Sevilla porquie quiere mostrarnos el camino al Padre, con sus Siete Palabras, recogidas por los Evangelistas. Tocamos "Consolación y Lágrimas". El paso ya se encuentra frente a su templo. "Bendición" y "Siete Palabras", de nuevo, pusieron el broche de oro final al primer Miércoles Santo de la Banda de Cornetas y Tambores del Stmo. Cristo de la Expiración de Morón tras el misterio de San Vicente. Son casi las tres de la madrugada. La banda se funde en un inmenso abrazo, el de la felicidad de un centenar de corazones que compartimos el privilegio de tocar juntos y de acompañar a la cofradía más romántica de Sevilla.
Aún se refleja el gozo en nuestra memoria, en la crónica del día en el que dimos toda la música, la ilusión, el sentimiento y la fe acumulada desde 1991. Por delante tenemos un nuevo año para seguir mejorando, con el grato recuerdo de la experiencia vivida y con el estímulo de regresar la próxima Semana Santa, de seguir creciendo como grupo humano y como banda, porque lo complicado no es llegar sino mantenerse. Gracias a todos.
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Daros nuestra mas sincera enhorabuena...
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